A petición de un ya querido amigo, que al parecer me ha domesticado pacientemente, le acaricio desde aquí con esto que escribí hace un tiempito...
* * *
Toma tiempo verle sentadita a lado de tanta gente, todas juntas en esas hileras paralelas., galerones donde abundan toda clase de pensamientos. -pendejos… – alcanzas a susurrar, te leo los labios, saurina nunca he sido y ganas no me han faltado. Es por eso que te observo, y te leo; a unas cuantas personas de distancia, una vouyerista en potencia saca un picadientes imaginario de madera y explota una que otra línea de gente gris, tú sabes de quienes hablo, de tus ahora vecinos, con quienes compartes una habitación plateada que se desliza a velocidad.
Existe un puñado de nervios atormentando su cuero cabelludo debido a esa peluca rojiza que porta con naturalidad, torpemente lo disimula al llevarse la mano izquierda mientras se rasca por detrás de la oreja. Un niño alcanza a verla, pero ella se distrae con una fotografía tamaño infantil que encontró tirada en la alfombra, es una pequeña de aproximadamente 8 años de edad, la sostiene y le da la vuelta -María…- lee en voz baja y sonríe quedito, -tal vez te hice un favor anoche escuincla – piensa alsando la ceja, se levanta y da unos pasos a la puerta de salida. Se jala la media y le guiña el ojo al pequeño de a lado que la observaba minutos antes. Sale del vagón al detenerse por completo el metro, mientras piensa en el desayuno de esa mañana. María sigue viajando, pero esta vez debajo del trasero de la “Doña Juana”, si, la señora a la cual su marido, ese señor de 57 años que desde hace tiempo no se le para., “si se le para… pero me deja con ganas. Dura poquito…” Piensa Juana.
La siempre sonriente Juana viaja con la boca cerrada. Juana vende pan en su casa. Hoy, sobre sus piernas posa una canasta mediana llenita toda de pan dulce.
-¡Conchaaaas,cuernooooooos y donaaaaaaaaaaaaaas- grita con hambre doña Juana...
- Pruèbelooooo!-
Camina con el pan en la mano,. Camina salerosa Juanita, mientras la fotografía de la pequeña María aún cuelga de una de sus nalgas azucaradas.
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