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Paréntesis

Y aquí es donde volteo y me apoyo con un abrazo en tu panza.
Antes no había nada, ahora estás tú.


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aquí te dejo esto.

El dolor, es un monstruo gigante de muchos rostros, entra por cualquier ventana y en un descuido, por la puerta. La gente le teme tanto porque nunca se sabe el tiempo de su llegada, ni cuando se va, ni donde te va a joder. Las personas cerramos  ventanas, puertas y rezamos para que no nos alcance. Pero amigo, una vez presente, pateamos recio y gritamos. Se instala el muy carajo en tu casa, sube sus pies sucios en tu sofá y mastica con la boca abierta durante el desayuno, entonces, lo conoces, no puedes cerrar los ojos, ya es tuyo como una pierna o un brazo... Ya no es tan grande, en realidad tal vez la convivencia lo hizo pequeñito, pero nunca lo debes humillar, lo debes ver con respeto, de frente, y ahí, levantarle el rostro con un dedo y decirle: gracias, maestro, pero no olvide llevarse sus zapatos.

Catedral por la tarde.

Un hombre parado al costado izquierdo de una banca, se inclina el último trago de cerveza e intenta tirar el bote de aluminio al cesto de basura. Otro hombre joven, delgado, moreno y con pantalones remangados, cacha el bote de aluminio en el aire, sonríe, como sonríen los locos, tira el pedazo de aluminio al suelo, y  con su pie derecho lo aplasta con fuerza y lo introduce en su bolsa de plástico llenita de otros botes. El hombre bien vestido se empina otra cerveza, el otro, se empina la espera, paciente, de pie al costado derecho de la basura.